30 de mayo de 2015

Juana de Arco es quemada viva

En pleno desenlace de una guerra que llegará a durar más de los cien años que le darán nombre, el núcleo de las batallas entre Francia e Inglaterra se encontraba en la ciudad de Orleans. Casi en pleno corazón de Francia, el asedio que los ingleses estaban imponiendo a este lugar clave parecía que vería su éxito. De la nada apareció una campesina de diecisiete años diciendo que oía voces. Se presentó al mismísimo delfín de Francia y actual rey, Carlos VII, y le propuso liderar la defensa de Orleans basándose en esas voces que decía escuchar. Corría el año 1429, llevaban noventa y dos años de guerra y estaban realmente jodidos ante el avance inglés liderado por el duque de Bedford, Juan de Lancaster, recientemente nombrado regente de Inglaterra por ser el rey Enrique VI, su sobrino, menor de edad.

-Dadle diez mil hombres y que se pire. Total, ya no nos puede ir peor... Que lo intente al menos.

Joan Of Arc. Siglo XV. Miniatura de los Archivos Nacionales de Francia.

Aquella joven muchacha se llamaba Juana. Hoy sigue siendo poco más que una niña. Lo cierto es que, evidentemente, para que el delfín de Francia por fin concediera tropas a esta chica, tuvo que pasar mucho tiempo, pues hacía meses que la joven luchaba por ponerse en contacto directo con el también joven Carlos VII para rogarle que la escuchara. Aunque de familia acomodada, Juana no era más que una niña campesina, nacida en la aldea de Domrémy. Su gran fe y su espléndida devoción, en especial por la Virgen María, eran por todos conocidas. Pero desde los trece años, algo la llevó a diferenciarse del resto de los beatos. Unas voces y visiones la informaban de acontecimientos bélicos, de los que ella nada sabía. Aquellos mensajes poco a poco fueron interpretados por ella misma y por los suyos como anuncios divinos. La propia Juana identificó las voces durante su juicio hace 3 meses como las de las santas Catalina de Alejandría y Margarita de Antioquía, e incluso, la del arcángel San Miguel, protector de Francia. El temor que despertaron en ella tales comunicados al principio, a medida que pasó el tiempo se convirtió en ánimo para cumplir con el cometido que Dios le había ordenado.

Es probable que la liberación de Orleans no se debiera a la habilidad de Juana como comandante de los ejércitos. Cierto es que ejerció como uno de los varios líderes de la defensa, pero ni en esa, su primera victoria, ni en las posteriores, Juana destacó como estratega. Consiguió algo quizá más importante que la mejor de las tácticas bélicas. Con su sola presencia, conseguía proporcionar a los soldados una valentía poderosa, una moral inagotable y un fervor más valioso que cualquier entrenamiento militar.

-Prefiero sostener mi estandarte, que empuñar mi espada -declaraba con pasión la joven durante su juicio, días atrás.

Será por esa razón por la cual, durante la batalla de Compiègne, en el norte del territorio francés, los borgoñeses supieron cuál debería de ser su principal cometido: evitar que el estandarte blanco de Juana se alzara una vez más. El 23 de mayo del año pasado, el capitán francés Guillaume de Flavy ordenaba cerrar las puertas de la muralla de Compiégne ante la catastrófica situación que se vivía junto al puente sobre el río Oise. Los franceses habían quedado atrapados entre los frentes de los ejércitos ingleses y borgoñeses. A pesar de todo, una voz femenina rugía haciéndose oír sobre el mar de gritos masculinos. Juana de Arco continuaba alentando a sus compañeros para luchar con valor por la victoria de Francia, su objetivo, la meta que los mensajes divinos le habían fijado. Sin embargo, tras demostrar su apasionante liderazgo como en tantas otras ocasiones durante más de un año, la desigualdad del desenlace de la batalla y la flecha de un arquero borgoñés terminaron por arrojarla al suelo desde su caballo. Su estandarte blanco pronto fue desgarrado y pisoteado sobre el barro.

Juana de Arco quemada en Rouen (Coloreado).
Lenepveu. Siglo XIX.
Me encuentro en la Plaza del Mercado Viejo de la ciudad de Ruan, en Normandía, hoy territorio inglés. Cuidadosamente, unos operarios apilan un montón de leña preocupándose por formar una pira que pueda arder de manera lenta y continua. Una gran estaca de madera se alza en medio del montón. Mucha gente se encuentra hoy aquí, por lo que los soldados ingleses que escoltan a Juana se abren paso entre la muchedumbre con dificultad. La joven de diecinueve años sólo viste una túnica blanca. Hoy es día 30 de mayo del año 1431. Hace unos días finalizaba el largo juicio tras el que se condenó a esta muchacha a la hoguera, acusada de herejía. En una mujer tan pura y devota como Juana fue complicado buscar argumentos para justificar su condena. Se le ha acusado de abandonar a sus padres, incluso de vestir como un hombre, pero lo que realmente le llevará hoy a las llamas será el delito de revelationum et apparitionum divinorum mendosa confictrix, invención de falsas revelaciones y apariciones divinas, aludiendo que esas voces no podían tener otro origen que el demoníaco.

Me doy la vuelta tras dirigir una última mirada a los claros ojos de la conocida como doncella de Orleans, que con semblante tranquilo y susurrando plegarias los cierra, para nunca más volver a abrirlos. Intento consolarme pensando que es probable que el abundante humo acabe por dormirla antes de que el fuego devore su cuerpo. Francia debe mucho a esta santa, cuyas victorias fueron conseguidas gracias a la fe, un arma más poderosa que el acero.

Plaza del Mercado Viejo. Rouen. Francia.

Desde hace unos días, la ciudad de Rouen, en la actualidad ciudad de Francia, cuenta con un museo dedicado a la figura de Juana de Arco, con estupendos vestigios e información sobre la heroína.